Después de las elecciones del pasado domingo, la reflexión es clara: los ciudadanos de este país han considerado que la gestión que de la crisis ha hecho el gobierno socialista no ha sido de su agrado y han decidio cambiar otorgándole al nuevo gobierno una mayoría amplia y clara que le permitirá tomar las decisiones que llevan tiempo pregonando en las tribunas diarias de sus medios de comunicación. La derrota del partido socialista es innegable y tal descalabro sólo puede deberse a una necesidad de cambio en los discursos y en las propuestas que deberán de hacerse tras la oportuna catarsis del partido de la rosa en el próximo congreso federal de febrero. Hoy por hoy, los ciudadanos no quieren escuchar mensajes de dirigentes que tengan manchas de honestidad en su pasado, de dirigentes que receten esfuerzos cuando ellos mismos gozan de privilegios no recortados, quieren cambios de verdad, quieren que se les cuente la realidad y que se predique con el ejemplo, no con la utopía. Ese puede ser el fallo, esa puede ser la explicación para unos resultados tan desastrozos como éstos que se produjeron el domingo. Cualquier otro análisis que no implique un profundo cambio tanto en las ideas y planteamientos como en los dirigentes será un análisis que conducirá al socialismo español, andaluz y castillejano a próximas derrotas sin paliativos, sin excusas y sin explicaciones coherentes. Es por ello, que desde las filas socialistas debemos presionar a nuestros dirigentes para cambiar todo lo que huela a podrido dentro de este partido, para presentarnos ante la sociedad con dirigentes en quienes se pueda confiar tanto en las políticas como en los hechos resultantes de sus trayectorias éticas. No debe de quedar nadie en ningún puesto que tenga en su bagaje una mácula de duda sobre su honestidad, sobre su ética como gestor de recursos públicos, de dinero de todos. Esto es lo que quiere la sociedad, lo que quieren los militantes de base y lo que deben de representar los dirigentes locales, regionales y nacionales. Seguir en la dialéctica de aferrarse a los puestos nos llevará a equivocarnos y a tener que transitar mucho tiempo por un desierto alumbrado por una derecha de recortes sociales, de desigualdades y de exclusiones sociales. Ahora no es el debate de los nombres ni de las personas, es el tiempo de las ideas, de mirarnos en el mensaje del fundador Pablo Iglesias, de refundarnos y de avanzar desde la rectitud de las ideas y desde los compromisos con nuestra sociedad.
En Castilleja, tras el desastre electoral de Mayo, donde se perdieron cuatro concejales, se optó por cambiar para esta campaña las bases de organización del partido. Se optó por crear un comité de campaña con personas distintas con planteamientos distintos con ideas socialistas que no dependían de un sueldo del ayuntamiento. Se ha hecho una campaña que a diferencia de la realizada por la del partido de la gaviota (nada) ha organizado actos públicos, mítines con dirigentes regionales y nacionales, convivencias, llegando a movilizar a más de 2000 personas en tan sólo quince días. Han conseguido traer a un consejero andaluz y reunirlos con empresarios de nuestra localidad, han realizado algo a lo que no estábamos acostumbrados en Castilleja. Y los resultados, a diferencia del resto de nuestro país, han sido conseguir el 43,12% de los votos emitidos, la primera fuerza política aumentando la ventaja sobre el partido popular en un momento tan malo para los socialistas. Las conclusiones son claras, los ciudadanos quieren otra forma de hacer las cosas, otra forma de entender la política. Quieren propuestas, quieren cambios como decía anteriormente. Sigamos por este camino, limpiemos Castilleja de todo aquel que no esté en las ideas, que sólo estén para ganar dinero a costa de todos. Cambiemos y el pueblo, como siempre nos apoyará. La solución sólo está en nuestras manos, si queremos podemos.
Isidoro